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En agradecimiento a vuestra compañia en este trocito de poesia que nos une

viernes, 1 de mayo de 2009

ILUSION COMPARTIDA EN HORAS ROTAS: XIV CERTAMEN LITERARIO DE RELATOS CORTOS "CIUDAD DE PALOS" PREMIO AL RELATO PRESENTADO POR EL CAPITAN ALATRISTE

RELATO ESCRITO POR RAMÓN MARTÍNEZ MARTÍN

YO TAMBIÉN TE QUIERO


Mientras Rubén se ponía sus mejores galas delante del espejo de su habitación, no dejaba de pensar en ella, en su dulce y entrañable Patricia. Era su aniversario, cumplían cincuenta años de casados y le dolía en el alma no haber despertado a su lado, como tantas y tantas mañanas del pasado.
Rubén tenía ochenta y dos años, cuatro más que ella y conocía a Patricia desde que eran niños. Habían crecido juntos, habían ido a la misma escuela, sus amistades eran comunes y poco a poco, los años los habían ido sorprendiendo con la mirada del uno siempre puesta en la del otro.
La vida sin embargo quiso jugarles una mala pasada y desde hacía apenas un par de años, Patricia sufría de Alzheimer. La pesadilla había llegado sin avisar, implacablemente se había ido instalando entre ellos y la dueña de sus días, vivía ya ajena en la inmensidad de su mente, sin reconocer a nadie, sin ni siquiera hablar.
Cuando el azote de la enfermedad llegó a su punto más álgido, Rubén se vio obligado a internarla en un Centro especializado, bajo la promesa de que allí cuidarían mejor de ella. A pesar de todo, no podía dejar de sentir en su corazón que la había traicionado, que la había abandonado, por mucho que fuera a visitarla a diario y pasara innumerables horas en su compañía.
Sus pensamientos volaban veloces hacia tiempos pretéritos, hacia toda la maravillosa vida que habían compartido, entre cielos azules y vuelos de palomas. No habían tenido hijos y sólo contaban con una relación, que los había unido contra viento y marea, contra el paso del tiempo.
Rubén estaba profundamente enamorado de Patricia, con ese amor puro que otorga envejecer junto a alguien. La quería hasta la extenuación y con un tierno nerviosismo, se arregló el nudo de la corbata para ir a su encuentro, para celebrar las bodas de oro con su impecable traje de los domingos. A ella siempre le había gustado que fuera guapo a sus citas.
Le llevaba un bonito ramo de flores, una caja de bombones y una fotografía enmarcada de sus años jóvenes, cuando las arrugas todavía no endurecían sus rostros.
Después de vestirse y de desayunar fugazmente, Rubén abandonó su casa y encaminó sus pasos hacia la Residencia médica. Ya no tenía la forma física de antes, pero le gustaba caminar y lo hacía siempre que podía. Se conocía el trayecto de memoria y lo hubiera podido realizar sin duda con los ojos cerrados, al ritmo de los latidos de su corazón.
Una vez que cruzó la verja y el pequeño jardín de la entrada, llegó hasta la recepción y saludó cariñosamente a la enfermera de guardia. Era alguien muy querido entre el personal clínico, por su entrega con Patricia, por su dedicación absoluta hacia su esposa y por sus exquisitos modales de caballero decimonónico.
Tras intercambiar unas palabras de cortesía, se dispuso a ir a la habitación, pues ardía en deseos de reunirse con su amada. Cuando abrió la puerta la encontró sentada distante en la butaca frente a la ventana, con la mirada perdida en las brumas del olvido y con una enigmática media sonrisa, dibujada en sus agrietados labios.
Rubén le habló como de costumbre, como si nada extraño ocurriera, como si la ausencia no se hubiera interpuesto entre ellos y con el corazón encogido al comprender por enésima vez, que la persona a la que tanto había amado, no disfrutaba ya del hecho de estar viva, de respirar de su aliento.
A sus ojos seguía pareciéndole bellísima, con su melena sobre los hombros, de un suave color plata. Rubén continuó conversando sin descanso, mientras le enseñaba los regalos de Aniversario y la besaba en la mejilla. Pero Patricia se mostró ausente, sometida por el Alzheimer y vencida por esa maldita enfermedad, que les había robado con crueldad su vejez, que les había tirado por las borda sus últimos años.
Colocó gentilmente las flores en un jarrón, que depositó en el escritorio y a continuación, puso la fotografía en la mesita de noche junto a su cama, con la vana esperanza de que la ayudara a recordar lo que habían sido, lo que habían compartido.
Guardó finalmente la caja de bombones en el armario y se sentó sin más dilación a su lado, cogiéndola fuertemente de la mano para susurrarle con cariño palabras apasionadas.
Le contó entre otras cosas que se cumplían cincuenta años del día de su boda, desde aquel lejano 20 de Abril, cuando habían salido de la Iglesia del pueblo ensordecidos por el tañido de las campanas y bajo una nube de pétalos de rosas. Desde ese mismo momento, no se habían vuelto a separar y habían sido inmensamente felices juntos.
Le habló también sobre su forma de cuidar el uno del otro, sobre sus viajes, sobre sus anhelos, sobre su convivencia, sobre sus noches de deseo y sobre tantos y tantos recuerdos, como habitaban en la fértil memoria de Rubén. Ya nada era como antes, pero toda una vida unidos por el amor, los había llevado hasta allí.
Poco a poco las horas fueron pasando mientras él se moría de pena, mientras algo se le rompía por dentro y maldijo al cielo por haberle arrebatado lo único que amaba, lo único que le había importado en este mundo. Para él era muy duro ver a Patricia convertida en una mera muñeca de porcelana, sin sentimientos aparentes, sin vitalidad.
Desconocía lo que pudiera estar pasando dentro de su cabeza, pero el vacío de sus ojos, ese abismo impenetrable, era un mal presagio. La esperanza había sucumbido ante la realidad de que su razón de existir, se iría marchitando poco a poco, lentamente, hasta sumirse definitivamente en unas sombras que ya la rondaban con avaricia a pesar de sus atenciones.
Pero Rubén estaría allí, junto a ella de manera incondicional, como había estado desde pequeño, para protegerla, para cuidarla y para acompañarla en este difícil trance que el destino había colocado en sus frágiles brazos.
El sol se fue ocultando sin remisión tras el horizonte, como cada tarde y la noche empezó a vislumbrarse mecida por la brisa. Con ella, Rubén tendría que regresar a casa, sabiendo tristemente que muy poco más podía hacer por su mujer y que sin duda allí, recibía los cuidados que necesitaba. Pero a pesar de esta certeza, no podía evitar sentirse terriblemente derrotado por el hecho de ver a su amada en estado vegetativo.
Cansinamente se levantó de su asiento y como hacía noche tras noche, se dispuso a acostar a Patricia. Con un amor imperecedero le puso el pijama, sin parar de hablarle, sin cesar de acariciarla, esperando el milagro de una chispa de vida en sus verdes ojos. Cada día la misma rutina, cada día la misma condena de no poder descansar abrazados, de no sentir el calor de su cuerpo bajo las sábanas, de no lograr escuchar su bella voz de sirena.
La arropó con un cuidado infinito y la besó cálidamente en los labios. La peinó como si fuera una niña y con el alma en los pies, se encaminó hacia la puerta para apagarle la luz y despedirse hasta el día siguiente.
- Te quiero, Patricia. Que tengas dulces sueños, mi ángel. Feliz Aniversario y hasta mañana – le dijo mirándola una última vez, locamente enamorado y con la garganta rota por el dolor.
Y en ese preciso momento, justamente antes de accionar el interruptor y cerrar la puerta a su espalda, Patricia volvió su cabeza hacia él, revivió por un segundo mágico y mirándolo como antaño, con esa pasión deslumbrante que lo hacía estremecer, le contestó con una lágrima recorriendo su cara: Yo también te quiero, mi vida.
Fue un instante de lucidez en largos meses de oscuridad, pero sin duda bastó para prender la llama. Rubén corrió hacia la cama y la abrazó, declarándole una vez más su amor eterno y prometiéndole que estarían juntos para siempre, que se reunirían en el cielo o en el infierno, pero que nada podría separarlos.
Sin embargo Patricia ya no estaba allí nuevamente, había vuelto a volar muy lejos de él, cual bella mariposa persiguiendo a la inalcanzable luna. Su mirada volvía a ser un naufragio, como el herido corazón de Rubén.
El viaje no tenía billete de vuelta. No había camino de regreso.
Llorando paseó de vuelta al hogar y esa noche al acostarse en su cama vacía, al sentirse preso de una soledad que lo ahogaba, le costó mucho dormirse, escuchando sin cesar la voz de ella en sus ajados oídos.
Nunca había sido un hombre demasiado inteligente, pero por fin comprendió, que el amor es una fuerza insondable que todo lo puede y que dicho amor, sería el que los salvaría a ambos, una vez que el mundo se deshiciera ante sus ojos, barrido por el viento de la muerte.
Un irrepetible yo también te quiero, fue lo último que escuchó Rubén antes de abandonarse en los brazos del sueño, antes de buscar a Patricia en un mar de recuerdos y antes de besarla en su pensamiento, con la más deslumbrante de las sonrisas, pintada en el quicio de su espíritu.


EAGLE



CAMINO DE REGRESO

…Llevo

la bodega rota,

cráneos

en la bota.

Y un alma

de llamas,

rotas.

Abatido,

el puente.

Ya busco

el castillo,

del adalid.

Caliente,

contra tanto

frío de la pólvora.

Llego mí

¡Alatriste!

como me ves.

Con un sueño

en la recamara,

y un corazón

que palpita.

Por unirme

mi Capitán,

aunque tarde

pero malherido:

¡a tu tropa!...














10 comentarios:

  1. Realmente precioso, tus letras transmiten una sensación maravillosa, da gusto leerte.
    UN honor seguirte.
    Un besito Rosario

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  2. Que pasada de entrada..
    Me he quedado calladita leyendote!!
    Me ha encnatado esta historia..
    me has llenado el alma.
    Buen fin de semana.
    abrazos.

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  3. Hola José Ramón. Por fin por aquí te puedo dejar mi comentario porque en el otro blog me resulta imposible. No sé que problema tenemos pero me cuesta mucho entrar en el y cuando lo logro no puedo acceder a dejar mis comentarios. De todas formas quiero que sepas que lo que he podido leer en tus blogs es super interesante e instructivo. Siento que la comunicación no pueda ser más fluida. Gracias por tus visitas a mi blog, por tus comentarios y por seguirme.
    Un abrazo

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  4. Muchas gracias por publicar una de mis historias en tus Horas Rotas, fue un detalle muy bonito. Pero se ve que tus lectores no lo han entendido muy bien y te atribuyen su autoría. Je, je, je. En fin, fue un placer que me promocionaras. Un fuerte abrazo y disfruta del puente. Hasta pronto.

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  5. Muy linda tú entrada....

    El relato que subiste es hermoso, me emocionó, felicita al autor de mi parte, imaginé cada palabra.

    Muchos cariños para tí y que tengas un lindo fin de semana.
    Ania.

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  6. Que bonito hacerle un homenaje al capitan ya lei su relato este chico promete ojala y tenga suerte.. es lo unico que le hace falta pues de talento va sobrado..

    un abrazo!!!

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  7. Buenos dias.no entiendo lo del enano que sacaste del equipaje y me mira... no lo se descifrar y el enano me quito el sueño... ¿hice algo mal?
    abrazos cariñosa-mente
    Marina P.

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  8. Hola José Ramón,

    Que hermosa historia nos relatas, no se si es producto de tu imaginación, pero desgraciadamente enmarca una cruda y atroz realidad en la vida de muchos...

    Pero cuanta razón tienes al afirmar que el amor todo lo puede, y sobrevive a tiempos y distancias...

    Es hermoso, verdaderamente hermoso. Gracias por compartir.

    Te mando un beso desde mi querido México.

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  9. Mi estimado José Ramón, gracias por entenderlo. Tuve muy malas experiencias en el pasado y a amigos míos de por aquí, incluso terminaron robándoles el blog, por lo que es mejor ir siempre con cuidado. Siendo un compañero de letras, estaba claro que ibas a entender por donde iba. A mí personalmente, me encantó tu gesto y sobre todo el poema que me dedicas, que con tu permiso, me gustaría dejar para siempre colgado en mi desván, como un recuerdo cariñoso tuyo. Ya me contarás. Un fuerte abrazo y sigue promocionando la poesía y la literatura en tu universo. Este munco la necesita. Cuídate y hasta pronto.

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  10. qué emotivo!!! Mis felicitaciones para tu idea de publicarlo, y también para Alatriste :) enhorabuena!!!! :)

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